Apenas una hora atrás estaba pegando los murciélagos de fomi en la pared de la sala. No me había gustado la figura, no tenía movimiento, así que le escribí a Lili, una ex compañera de trabajo que me dio un tip en dos minutos de conversación de WhatsApp… bendita la gente que entiende rápido los problemas y los resuelve. Mis murciélagos habían quedado más como parvada, y Elisa y sus amigos se sorprenderían al llegar a la sala-comedor. Habría logrado mi objetivo si Elisa percibía que su mamá le mandó decir te amo, en esa extraña figura de murciélagos volando del piso al techo.
Una vez que terminé la instalación, revisé tener todo listo para las hamburguesas que tendría que cocer al regresar de la escuela, ya con la tropa en casa. La idea era que estuvieran calientitas. Entonces me acordé de las papas a la francesa que quería hacer. Manos a la obra. Pelar las papas en chinga, lavarlas y dejarlas un ratito a remojo para que pierdan el almidón… pensaba yo en mi amiga Martha que le quedan espectaculares. Las partí en gajos porque la calma no me dio para palitos, tenía yo 45 minutos para hacerlas. Homero me acompañaba en un banquito de la cocina.
Esa mañana, cuando le dije a Elisa que intentaría hacer papas a la francesa, me miró con cierta ternura como diciendo, mamá, por favor ya no lo intentes. ¡Vas a ver que ahora sí voy a triunfar!, le respondí. Pero por si las moscas, ahí tenemos adobadas, le dije. Y entonces ambas nos calmamos -traíamos arnés de seguridad, ¿qué podría salir muy mal?. Esa conversación estuvo en mi cabeza mientras las papitas se freían, mientras las volteaba, las dejaba un poco al olvido -pero apúrense-, las salaba, las ponía sobre papel absorbente. Pronto me di cuenta que no me estaban quedando turgentes, -chiiingado. ¿Qué pasa? Pues que no, no me salen las malditas. A mí mamá le quedaban muy bien, me contestó el inocente desde la barra. A veces las hacía de cenar, así nomás, papás con tortillas. Lo bueno es que tengo una excelente relación con mi suegra fallecida, no siento envidia nunca, incluso cuando Homero sale con estos comentarios de “a mi mami sí”. En fin, ya una vez cocidas las papas las pasé a un sartén sin aceite con el ánimo de que se endurecieran, pero el tiempo se agotó y hubo que ir por las y los chamacos. Llaves del carro, rápido. A correr.
Nos fuimos en los dos autos. Yo me traería a la chaviza, y Homero a la pequeña María.
Desde que se subió toda la “ganga” al carro me sentí muy orgullosa. Job, Iktan, María José y Elisa. Los cuatro mejor amigos. En el camino se fueron tonteando, y yo como una feliz chofer sin casi hablar, sólo gozándolos. Imaginando -trata de recordar, tú puedes- cómo se siente tener 11 años. Cómo es tener 11 años, que sea viernes, y que tus amigos vayan rumbo a tu casa con tu mamá manejando. Creo que es un pedazo de cielo.
Al llegar les propuse que subieran al cuarto de Elisa en lo que preparaba todo. Se subieron complacidos aunque sí noté que traían hambre, medio rugían. Me apuré con la carne, que ya estaba lista, incluso en medallones. Elisa había hecho la mezcla siguiendo la receta de mi mamá, que es muy parecida a la mía. Le ponemos cebolla, cilantro, cátsup, mostaza, pan remojado en leche -o yo pan rallado-, huevo, salpimienta. Comencé.
Homero mientra se hizo cargo de los panes. Subió a preguntarles si mayonesa y mostaza, tomó nota, y bajó a untar unos sí y otros no. María llegó dormida, por cierto. Lamentamos que se perdería la función.
Finalmente, la mesa estuvo lista. Las papas a la francesa también estaban ahí, junto a un bowl de adobadas, tomate, cebolla, lechuga, jalapeños, ¿qué más? Agua de fresa. Comimos muy felices, esa es la verdad. Yo, sobre todo, contemplaba a Elisa oronda, muy en su papel de anfitriona. No recuerdo si se dijo algo de los murciélagos, pero ahí estuvieron, enmarcando mi vista. Estoy segura que a Elisa le pareció una gran idea. Los recortamos juntas un día antes, con Ale, y María revoloteando entre nosotras. Y extrañamente las papás les encantaron. No estaban crunchy, pero tenían un rico sabor, así que devoraron las criaturas. Homero comenzó a hacer sus bromas, bromas un tanto torpes desde mi opinión, pero es una forma única en la que él demuestra su amor, y así lo entendemos Elisa y yo. Finalmente, la “ganga” terminó de comer, llevaron sus platos al fregadero y se subieron corriendo al cuarto de Elisa. La mamá de Elisa había triunfado. Muchas tardes de esta, señora.
Ximena Peredo Rodriguez is a Mexican political scientist graduated from Tecnológico de Monterrey. In 2019 she earned her PhD in Sociology and Political Science at the University of Coimbra, Portugal; she has attended courses on gender studies offered by El Colegio de México and anthropology courses provided by CIESAS, Center for Research and Advanced Studies in Social Anthropology.
From a very young age Ximena stood out in critical thinking as she became the youngest opinion columnist of El Norte, a Monterrey’s leading daily newspaper of Grupo Reforma, where she wrote sharp-witted opinions during 23 years.
As the founder of Vertebrales, a nonfiction writing school aimed to connect intelligences employing the argumentative technique, she created a space for publishing solid and strong opinions.
She was the director of magazines such as Mientras tanto, of Tec de Monterrey; and Violeta, of Instituto Estatal de las Mujeres, the State Institute for Women.
Also, she has forayed into literature and won a scholarship granted by Centro de Escritores de Nuevo León.
She is the author of two books, the tale El buen entendimiento (UANL, 2009), and Plantar una sombrilla de colores en la arena (Estoy aquí) (UANL, 2020).
Since 2006 she has participated as citizen activist, using her prominent voice to endorse human rights causes, especially to defend natural areas; one example that stands out is the protection of the forest La Pastora against the building of the BBVA stadium.
As the head of the first Secretariat of Citizen Participation for the state government of Nuevo Leon, Ximena promoted political innovation programs that professionalized public services offered by the Government to citizens, generating capacities in public service to integrate the collective intelligence for public decision-making and public policy-making with the objective of developing an authentic influence of people on their governments.
Also, she has encouraged inter-institutional collaboration to introduce a wide range of policies aimed to implement the open government model in Nuevo León.
Recently, Ximena Peredo was awarded as Democratic Innovator of the 21st Century at the Athens Democracy Forum, granted by the Apolitical Foundation and the Democracy and Culture Foundation of The New York Times.
Currently, she is designing a political project to effectively integrate citizen participation on solving complex public problems in Nuevo León.
Ximena Peredo Rodriguez is a Mexican political scientist, citizen activist, and political leader. With a PhD in Sociology and Political Science from the University of Coimbra (Portugal) , she has a strong background in gender studies and anthropology.
Beginning her career as the youngest opinion columnist for El Norte, a leading newspaper in Monterrey, Ximena wrote for 23 years, known for her sharp-witted commentary. She founded Vertebrales, a nonfiction writing school, and has directed several magazines, including Mientras tanto and Violeta. A published author, Ximena has written two books, including El buen entendimiento (2009) and Plantar una sombrilla de colores en la arena (2020). As a long-time citizen activist, she has been a prominent voice in defending human rights and environmental causes, notably protecting the La Pastora forest. In her role as the first Secretary of Citizen Participation in Nuevo León, she pioneered programs to professionalize public services, promote open government, and enhance public decision-making. Recognized as a Democratic Innovator of the 21st Century at the Athens Democracy Forum, she is currently developing a political project focused on integrating citizen participation in solving complex public issues in Nuevo León.